Sara, la sacerdotisa urbana, me llamó a la sesión. Me dijo que tenía que meterse en mi cuerpo para saber qué estaba pasando.
Cómo se metía dentro de mi cuerpo?
Las dos, acostadas en una cama, de la mano. A través de la mano ella me iba a pedir conectar con mi cuerpo y yo podía elegir darle el permiso. Asentí. No entendía nada, pero prefiero confiar y atraversarlo.
Entró adentro. Sintió lo que yo sentía. Sintió las piernas cansadas, pesadas, inmóviles. "No quiero" decía yo; no qiuoero moverme. Ella sentía que yo estaba paralizada; y que no era la primera vez. Estaba paralizada esta vez como lo habíua estado en el pasado: sin poder moverme por supervivencia propia, por miedo.
Todos los hombres que pasaron por mi cuerpo pasaron con mi permiso del abuso. El amor que bus qué recibir a través del sexo no fue más que repetir y repetir esa imagen que, aunque enterrada en las tinieblas de mi inconsciente, buscaba ser abusada una y otra vez. Quizás para validar lo que sentí a los cuatro años, cuando estaba inmovilizada por el mismo hecho de sobrevivir, quizás porque nunca super lo que era el amor cariñoso, el amor que ahora anhelo. Noté cómo busqué el contaxcto fpisico desde lo repulsivo, desde el cuerpo como un objeto sin dignidad, sin respeto, sin límites para los demás. Mi cuerpo no era mío, estuve desconectada mucho tiempo y mi cuerpo fue de todos menos mío.
Todos los hombres que pasaron por mi cuerpo pasaron con mi permiso del abuso. El amor que bus qué recibir a través del sexo no fue más que repetir y repetir esa imagen que, aunque enterrada en las tinieblas de mi inconsciente, buscaba ser abusada una y otra vez. Quizás para validar lo que sentí a los cuatro años, cuando estaba inmovilizada por el mismo hecho de sobrevivir, quizás porque nunca super lo que era el amor cariñoso, el amor que ahora anhelo. Noté cómo busqué el contaxcto fpisico desde lo repulsivo, desde el cuerpo como un objeto sin dignidad, sin respeto, sin límites para los demás. Mi cuerpo no era mío, estuve desconectada mucho tiempo y mi cuerpo fue de todos menos mío.
Sentirse una trola. Repetir una y otra vez ese sentimiento.
Sara me dijo que recuerde que spy luz. Que recuerde que soy inocencia. Que recuerde.
Seres de luz que me abrigan y me repiten que era muy chica, que no era mi culpa, que recuerde, recuerde la luz. Que no todo está perdido.
Aparece mi abuela. Aparece un dolor en el pecho. Aparece la sensación de ser ahogada, en mi pecho, en mi cuello. No puedo respirar. Es una energía oscura. Es una energía de mucho odio. Sara se ahoga. Sara llora. Sara pide ayuda. La energía es enormemente fuerte, y muy mala. Mi abuela está enojada. Conmigo. Me odia. Se supone que yo tenía que acarrear este linaje familiar de dolor. Yo elijo que no, que ya no. Conmigo se corta. Mi abuela (sí, la mujer de Luigi), se enoja.
Pedimos ayuda. Sara me dice que viene el arcángel Gabriel a ayudarnos y limpiar mi pecho.
Pasa un rato. Sara se vuelve a ahogar. Llora. Yo, consciente, tengo miedo por esta mujer que toma mi mano y que está succionando toda esta energía horrenda que llevo dentro. Me siento culpable por esta energía horrible que ella está canalizando, pero ella ya me avisó que éste es su trabajo, que si la veía ahogarse no me preocupe, que ella está bien.
Me cuenta que lo que nosotros los humanos llamamos ángeles me vienen a ayudar a limpiar todo esto. Me recuerdan que está bien pedir ayuda, que DEBO pedir ayuda pero que más importante es que sepa que está bien que pida ayuda.
Me cuenta que lo que nosotros los humanos llamamos ángeles me vienen a ayudar a limpiar todo esto. Me recuerdan que está bien pedir ayuda, que DEBO pedir ayuda pero que más importante es que sepa que está bien que pida ayuda.
Me dice que le debo dar amor a mi niña interior. Que me necesita. A partir de ella es que reconstruyo a la mujer. Vienen algodones, nubes, unicornios, gatitos, glitter, marshmallows.
Me menciona el aceite de almendras, una luz dorada, golden milk.
Me menciona dos piedras; el turquesa y la turmalina.
Viene un delfín porque el delfín es juguetón y yo tengo que jugar.
Me dice que las rosas me quieren ayudar.
Viene un delfín porque el delfín es juguetón y yo tengo que jugar.
Me dice que las rosas me quieren ayudar.
Que me mime mucho, que se viene la época de la autocompasión. Del amor propio.
Mucho, mucho dolor dentro mío. Ya está, ya se está limpiando. Dejar que los ángeles hagan su trabajo.
Dejar.que.los.ángeles.hagan.su.trabajo.